19 de agosto de 2008

La Guajira de Plata

Una de las estampas fotográficas de los pasados Juegos Olímpicos de Pekín que encontrará alojamiento en el álbum memorístico de los aficionados, es aquella en la que Leire Olaberría recibe su medalla con los ojos llenos de lágrimas. Un estampa maravillosa de una mujer que, con el llanto, emanaba una felicidad que no podía expresar con palabras.

Junto a ella estaba Marianne Vos. La menuda ciclista holandesa llegaba a Pekín con el objetivo de subirse a lo más alto del pódium y desde tan privilegiado lugar saludaba al público congregado en el velódromo de Laoshan. Su rictus era de quien se sabe con el deber cumplido. Una nueva muesca que añadir al revolver de una ciclista, que a pesar de su juventud, es irrepetible.

La tercera de las mujeres que estaba subida en el pódium era la cubana Yoanka González. Una ciclista cariacontecida y con un gesto de felicidad forzado que no disfrutaba de la medalla de plata como un mes antes le hubiese gustado. La realidad era, sencillamente, que la velocista cubana no deseaba estar en Pekín.

Tan sólo un mes antes, cuando el lunes 14 de Julio comenzaba a consumir sus primeras horas, la ciclista se despertó sobresaltada con una llamada telefónica. Primero parecía que no era posible, pero la realidad era más caprichosa que cualquier sugestión. Al otro lado de la línea, le comunicaban que el mejor ciclista cubano de la última década, Pedro Pablo Pérez (3P), había sufrido un accidente de gravedad. El parte médico del Hospital Abel Santamaría, de su natal Pinar del Río, señalaba que el ciclista había sufrido una grave lesión neurológica que lo mantenía en estado de coma.

Una tragedia para el ciclismo cubano. El pinareño, de 31 años y pentacampeón de la Vuelta Ciclística a Cuba, (2000, 2001, 2004, 2006 y 2008) estrelló su automóvil ruso en el municipio de San Cristóbal, a unos 200 kilómetros al oeste de la capital cubana,y se debatía entre la vida y la muerte. Una tragedia para Yoanka González, ya que el destino de ambos ciclistas hace tiempo se había unido mediante el matrimonio.

Yoanka González Pérez nació en Cifuentes (Cuba) el 9 de enero de 1976 y decepcionada con su resultado en Atenas 2004, tenía nuevamente la posibilidad de luchar por los puestos de privilegio en unos Juegos Olímpicos, a tenor de sus recientes resultados. Sin embargo, el accidente de Pedro Pablo truncó su ilusión. Ella deseaba vivir junto a su esposo la cita de Pekín, no en vano Pedro Pablo Pérez había conseguido la plaza para la prueba de ciclismo en ruta. Ambos soñaban con pedalear juntos para el pueblo cubano, y conseguir la primera medalla de la historia del ciclismo de su país, pero ya no iba a ser posible.

Incluso el deporte queda en un segundo plano, cuando un ser querido se debate entre la vida y la muerte. Por este motivo, c
asi no toma el avión a Pekín. Estaba acongojada porque las noticias que llegaban desde el hospital no eran buenas. El líder cubano, Fidel Castro, la alentó a través de uno sus artículos proclamando la admiración que sentía por una atleta, como ella, que a pesar de las circunstancias adversas, siempre brillaba por su calidad humana y patriótica.

Era lógico pensar, y muchos así lo hicieron, que el accidente automovilístico de Pedro Pablo Pérez implicaría una presión psicológica enorme para su compañera en la vida. Pero, en un instante casi fugaz durante el abanderamiento de la delegación, el Presidente de Cuba, Raúl Castro, tuvo también palabras de aliento dedicadas a la ciclista, que escoltaba el estandarte cubano. Aquel momento, y el cúmulo de sensaciones, fue un resorte que removió a la atribulada Yoanka.

La "guajira de Cifuentes", como gustan sus allegados en llamarla, intentó sobreponerse, hizo la maleta y marchó junto con la delegación cubana rumbo a la capital china. Con temple de hierro, la cubana estuvo en la ceremonia de inauguración, mordiéndose los labios porque mientras miles de atletas desbordaban de alegría, ella encaraba el inicio de la competición con sentimientos encontrados.

Su entrenador, Leonel Álvarez, había definido junto a la ciclista una estrategia muy clara para la disputa de la prueba. Su objetivo era imponerse en el mayor número de “sprints” posibles haciendo un cálculo de que en cuatro sería factible salir victoriosa.

Desde el inicio, las favoritas empezaron a anularse entre ellas, con la excepción de la inalcanzable Marianne Vos que fue la única capaz de sacar una vuelta al grupo. También se dio la circunstancia, que un encontronazo en forma de caída dentro del grupo, precipitó el abandono obligado de algunas de las contendientes. Con lo cual, la ciclista se vio obligada a reinventarse al contemplar que su táctica iba a ser de imposible aplicación.

Al ir desarrollándose la prueba a un ritmo muy fuerte, donde todas las ciclistas intentaban disputar los diferentes “sprints”, pensó en ir paulatinamente arañando puntos a los que sumar a su cuenta. Cualquier punto, ante una carrera semejante, era bueno.

La ciclista era consciente de que llegaba al último tramo de la carrera igualada con sus rivales y se reservó para dar todo en el último sprint. En esta ocasión, ese determinante desenlace si salió como imaginó en su mente, y felizmente para ella, alcanzó la medalla de plata en la prueba considerada por los especialistas, la más compleja, habida cuenta de combinar tanto velocidad como resistencia.

Dicen que el amor mueve montañas y al parecer también consigue medallas. O al menos así le resultó a la pedalista cubana, ya que corrió pensando en su esposo, a tenor de las palabras que repetía una y otra vez tras la conquista de la medalla, y que no hacían referencia a nadie que no fuese su marido.

Ahora, en su casa, sostiene la medalla de plata en la mano como si no quisiera soltarla nunca, pero no fueron pocas las veces que la "guajira de Cifuentes", pensó en no asistir a los Juegos Olímpicos de Pekín, porque le faltaba algo grande en su vida. Tanto ella como su esposo habían soñado con estar juntos en la capital china, en pedalear por una medalla, pero el accidente había dejado a Yoanka con un gran dolor en el alma y una interrogante sobre su futuro deportivo. Pero tras ganar la medalla de plata, ha sido consciente de que todo el sacrificio no había sido en vano, porque esa medalla ha sido, sin duda, uno de los mejores medicamentos para su esposo.

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11 de agosto de 2008

Corred malditos

Una vez consumida la primera mitad de los oficialmente llamados "Juegos de la XXIX Olimpiada" se confirma, tal y como se esperaba, que ningún sobresalto perturbará ni pondrá en evidencia el régimen de Hu Jintao y que los últimos días de competiciones discurrirán también, de la forma plácida que había planificado la metódica organización.

La contundente imposición a los deportistas del más absoluto de los silencios por parte del Comité Olímpico Internacional y por extensión de sus comités nacionales ha posibilitado el mutismo absoluto y en consecuencia los resultados deseados por el presidente de la República Popular China.

Para el deportista en general, y por tal extensión, para el ciclista como notable ejemplo ilustrativo, se puede dar por válida la idea equina que se asocia a su figura. Por un lado, majestuoso y bello animal mítico objeto de culto y a su vez bestia de carga exprimida al máximo. Complaciente, sumiso, respetuoso del orden establecido y abanderado de las causas que interesan a otros, no de las que le puedan interesar a él, a cambio de sentirse admirados y venerados.

El deportista mudo que debe desprenderse de su cerebro es un ideal rabiosamente político, ya que sin lugar a dudas, lo que consagra al sujeto son los intereses de quienes, a su vez, hacen del deporte un arma ideológica. No deja de ser curiosa tal afirmación, puesto que la Carta Olímpica prohíbe toda clase de manifestaciones políticas, religiosas o raciales, y por tanto existe una gran contradicción.

Realmente, esa norma reguladora del Movimiento Olímpico, que contiene los principios fundamentales y las reglas de aplicación además de fijar las condiciones para la celebración del magnificente evento deportivo, está establecido por los beneficiarios del espectáculo. Y sin lugar a dudas, no son otros que las cadenas de televisión, marcas comerciales y especialmente, aquellos gobiernos con patente inequívoca de patriotismo.

Sería una gran hazaña, despolitizar de verdad los Juegos, pero no empezando por acallar a unos deportistas que, no nos engañemos, tampoco son la quintaesencia del compromiso ideológico ni de la conciencia social.

Uno que esto escribe, admitiría de buen grado que a los deportistas se les desaconsejara meterse en política si en justa correspondencia los políticos no se metieran en el deporte. La realidad dice que esto no es así. Simplemente basta con ver la nutrida representación de fuerzas vivas y semi-vivas que engalanan las diferentes expediciones de deportistas, pero especialmente la gigantesca campaña de imagen levantada por el régimen de Hu Jintao en torno a los Juegos de Pekín.

El deportista, acaba siendo simple y llanamente el medio humano para alcanzar el objetivo. Que galopen, pero que nunca relinchen.


27 de abril de 2008

Breve análisis de la naturaleza de un problema

El problema del dopaje deportivo no es nuevo y a nadie debería sorprender.

No obstante, es algo palpable, que ha sido en los últimos tiempos cuando los diferentes medios de comunicación social se han hecho eco del problema divulgándolo, además, con toda profusión de detalles y matices.

Para encontrar la raigambre y la naturaleza del problema debemos poner la mirada en la intensa rivalidad deportiva y en el carácter, cada vez más desproporcionado, de las ventajas económicas y publicitarias que los éxitos deportivos ocasionan y que han conducido, sin duda alguna, a la exigencia de mayores esfuerzos de todo tipo con el fin de mejorar el rendimiento físico.

Es lógico pensar que los deportistas de hoy conocen, al menos básicamente, los sistemas de entrenamiento, los métodos de preparación y los medios de recuperación, además de un gran número de actividades que son realizadas para obtener sus más altos rendimientos. El aumento de la divulgación y la popularidad de la información sobre la preparación de los deportistas más cualificados ha permitido que la mayoría de los deportistas pueden prepararse idóneamente para las competiciones.

Todo ello, lógicamente, ha aumentado la dificultad de asegurarse una superioridad física y técnica sobre los demás. Así, inevitablemente, se recurre entonces a otros métodos para obtener la deseada ventaja: métodos que comprenden la utilización de sustancias, agentes farmacológicos e incluso procedimientos psicológicos, destinados a aumentar artificialmente el rendimiento.

Esta práctica antideportiva no es, desde luego, patrimonio exclusivo del ciclismo, como en algunas ocasiones se ha dejado entrever solapadamente, sino que se extiende a la gran mayoría de los deportes y, por otra parte, alcanza a otras esferas fuera del ámbito deportivo en las que el individuo se encuentra igualmente sometido a fuertes presiones. Es más, si consideramos como válida la premisa señalada anteriormente como inductora de dopaje, un deporte como el del ciclismo, en el que los incentivos económicos son cada temporada menos cuantiosos, no está en la punta de lanza del perfil indicado.

Todo parece mostrar que es en la actualidad, a pesar de su deontología, cuando los casos de dopaje en toda la esfera social son más frecuentes. Realmente no es cierto, y posiblemente el progreso de la farmacología y, la toma de conciencia de los efectos a corto y largo plazo, ofrezca esa sensación. Sin embargo no es de los tiempos modernos el concepto ni la práctica del dopaje, sea en los hombres o en los animales, para aumentar su rendimiento.

En cualquier análisis sobre la naturaleza del problema del dopaje, ha de que dar claro que su uso ha rebasado, a lo largo del tiempo, lo estrictamente deportivo. Así conductores, pilotos, astronautas, estudiantes y un número muy extenso de personas con profesiones liberales y otras con actividades muy diversas han usado, lo siguen haciendo, y sin lugar a dudas continuarán utilizando, diversos tipos de métodos para aumentar el rendimiento enmascarando la fatiga.

Podemos decir, que existe doping cuando un individuo normal ingiere por si mismo o por inducción de otra persona algún producto o sustancia que altere, modifique o restrinja directamente o por medios secundarios la calidad de su participación en una competición deportiva, independientemente de la vía por la que tal sustancia o producto se le administre al individuo, así como también por la cantidad, contenido o preparación del producto, sin que se pueda aducir como excluyente de la responsabilidad, el estar incapacitado temporalmente por lesión o enfermedad, ya que bajo tales circunstancias se debe excluir de toda competición deportiva.

Un deportista, con el conocimiento de lo que representan estas acciones, puede argumentar si su conciencia y sus sensatez se lo permiten, que cada cual, bajo su propia responsabilidad, puede hacer con su organismo lo que le plazca, y puede ponerlo en peligro con el mismo derecho que lo hace un automovilista, un alpinista, un minero o un obrero de la construcción. Es una argumentación a tener en cuenta y relativamente válida.

Pero tal argumentación acaba por diluirse, dado que con la ventaja que supone la estimulación, en igualdad de condiciones, un individuo presupone que sus rivales nunca le vencerán y que sus émulos nunca igualarán sus hazañas, ya que si quisieran hacerlo tendrían que realizarlo en un plano de igualdad con respeto al deportista estimulado, es decir, estimulándose a su vez y cediendo al chantaje deportivo del rival dopado, lo cual supondría tener que ir en contra de sus principios y de sus deseos.

Posiblemente, este sea el daño a la ética y a los valores fundamentales del deporte y por lo cual se justifica la necesidad de velar por su pureza, apartando del movimiento deportivo a los chantajistas, que no sólo se destruyen a si mismos, sino que con su actuación predisponen a la destrucción de los demás.

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21 de abril de 2008

El día de la Lambretta de Concentaina

Su nombre no es tan familiar como el de Vespa, pero junto a la señalada, fueron iconos culturales juveniles en la década en los años 50 y 60.

Se trata de Lambretta, una línea de scooter producida en Milán (Italia) desde finales de la década de los 40 por la compañía Innocenti. El origen del nombre, viene dado por las aguas del río Lambro, cercano a Milán, y afluente del más conocido río Po.

Lambretta se caracterizaba por tener el motor en el centro de la moto a diferencia de Vespa, que tiene el motor lateral y trasero adosado a la rueda. Esta circunstancia le da un mayor equilibrio lateral, dado que la Vespa pesa más de un lado que de otro, así como un mejor reparto del peso entre ruedas. Sin embargo, para alojar el motor en el centro se aumenta la distancia entre ejes, lo cual implica que Lambretta es un vehículo menos maniobrable que Vespa, especialmente si de conducción urbana se trataba.

Innocetti cesó su producción en 1971 pero su producción bajo licencia no finalizó. Además de en Bombay (India), la otra localidad donde se continuó la fabricación, fue en Eibar (Guipúzcoa).

Tan nostálgicos vehículos, disfrutados y guiados por varios de los integrantes del Club Lambretta Eibar, servían para anunciar la inminente presencia de los ciclistas participantes en el 37º Memorial Valenciaga, ya que configuraban la avanzadilla de una carrera, por la que rodaron abriendo la misma hasta coronar Ixua.

El Memorial Valenciaga es (en esta ocasión no cabe opción a duda alguna) la prueba más prestigiosa de cuantas se disputan en el calendario nacional reservada para la categoría amateur. En esta edición, la carrera presentaba ligeras modificaciones, obligadas en cierta forma por obras, pero mostrando intención con la variación, de diseñar una carrera más dinámica, reduciendo para ello la distancia existente entre la ascensión a Elgeta y la posterior a Ixua, suprimiendo el ascenso a Trabakua y reduciendo con ello en diez kilómetros la distancia a recorrer por los ciclistas, en comparación con su tradicional recorrido.

La carrera tiene un sabor especial. Se palpa en el ambiente. Y la explicación viene dado por la sencilla razón de que el ciclista que logra el triunfo en el Memorial Valenciaga tiene pie y medio en el pelotón profesional y, por eso, no son pocos los que desean brillar en la prueba organizada por el Club Ciclista Eibarrés. La prueba de Eibar es uno de los últimos reductos de prestigio en la categoría amateur.

La historia de la prueba fue fiel al guión previsto. En los primeros compases de la prueba, se configuraba la ya clásica escapada, llamada a recorrer un buen número de kilómetros protagonizando la carrera, pero abocada a finalizar cuando el pelotón decida que la carrera ha empezado de verdad.

Así de este modo, José Antonio Larrea (Azpiru-Ugarte), Iñigo Sagastibeltza (Lizarte), José Antonio Baños (Cantabria Infinita), Jorge Llanos (Ciudad de Oviedo), Luis A. Moreno Peinado (Avila Rojas), Luis Mas (Saunier Duval) y Gabriel Hernández (Fuerteventura-Canarias) se convirtiendo en los grandes animadores de la prueba, siendo los primeros protagonistas de la misma, y a su vez, los primeros en quedarse sin opciones de cara a la victoria final.

En Elgeta fue cuando realmente se dio el pistoletazo de salida para la carrera por el triunfo y Egoitz Murgoitio (Cafés Baqué) y Diego Tamayo (Azpiru-Ugarte) fueron los ciclistas que apretaron el gatillo, tomando rápidamente ventaja con respecto al pelotón. No tardó tiempo el dúo en convertirse en cuarteto, ya que José Manuel Ballesta (Comunitat Valenciana-CCN) y David Belda (Fuerteventura-Canarias) dieron alcance a los ciclistas fugados.

Y llegó Ixua. Donde se separa el polvo de la paja. Pronto en sus rampas comenzaron a despejarse las dudas y a observarse con claridad a aquellos pocos ciclistas llamados a luchar por el triunfo. Ismael Esteban (Cafés Baqué) fue quien coronó en primer lugar tan señalada cima. Ciclista con grandes dotes para la escalada, pisaba los pedales enérgico sabiéndose en su terreno. Disfrutaba tensando el ritmo como sólo saben hacer los escaladores y contemplaba como todos sufrían como en pocas ocasiones para mantenerse a la estela de su bicicleta.

Andrey Amador (Lizarte) fue el único que aguantó y pasaba prácticamente a rueda, mientras que David Belda (Fuerteventura-Canarias) y Antonio García González (Universidad Politécnica de Valencia-Bancaja) lo hacían unos metros por detrás.

De Ixua a San Miguel y ahí David Belda atacó en busca de la victoria, siendo sólo Andrey Amador quien de nuevo aguantaba el envite. De la cima a meta poco más de una docena de kilómetros y una trepidante lucha de por medio. Los dos ciclistas de cabeza para jugarse la victoria entre ambos y por detrás siete ciclistas deseando evitarlo.

Belda parecía fuera de lugar dando unos relevos muy forzados al ciclista de Costa Rica al que se observaba mucho más solvente. Por detrás, junto con Ismael Esteban, Javier Chacón (Cafemax-Contentpolis), Luis Maldonado (Cantabria Infinita), Vicente Peiró (Universidad Politécnica de Valencia-Bancaja), Josep Oriol Llesuy (Ditec-Tarragona) y Antonio García González (Universidad Politécnica de Valencia-Bancaja), protagonizaban una persecución intensa pero de relevos deslavazados, y por si fuera poco, contaban con un invitado de excepción a cola del pequeño grupo, Antonio Olmo, la segunda opción de victoria del equipo Fuerteventura-Canarias en caso de no fraguar la fuga.

Pero la escapada llegó. A pesar de que en todo momento se veían unos y otros e incluso a punto fueron de ser rebasados en la recta de llegada, el dúo cabecero se jugó la victoria, cayendo del lado del ciclista de Concentaina (Alicante). El pequeño ciclista del Fuerteventura-Canarias, que ya fue segundo en esta misma prueba en el año anterior a su ascenso al profesionalismo, en una entrañable e histórica edición que se saldó con la victoria incontestable de David Rodríguez (Supermercados Froiz), el único corredor de la villa armera hasta la fecha que se impuesto en tan distinguida carrera.

David Belda se impuso al sprint de forma clara y levantó los brazos de exultante, con una desorbitada alegría sabedor del preciado logro obtenido. Una victoria que debería servir de pasaporte para su regreso al profesionalismo, categoría en la que las puertas quedaron cerradas por la desaparición del equipo Fuerteventura-Canarias y un apellido que pesa como una losa.

Con la segunda posición tuvo que conformarse Andrey Amador. Ciclista bisoño en estas lides y acostumbrado a medirse a ciclistas que están situados en un plano inferior, al marcar como prioritario su equipo, el calendario vasco, así como una cuidada elección de las pruebas en las que toma parte. El joven pupilo de Manolo Azcona tiene unas trazas de ciclista excelente. Capaz de desenvolverse en el pelotón amateur con la suficiencia del mejor de los escaladores y a su vez con la potencia del mejor de los rodadores, es un ciclista llevado entre algodones, cuya figura situará a la siempre desaprovechada cantera de Costa Rica en un lugar significativo dentro del ciclismo profesional, en este caso en el potente conjunto del Caisse D´Epargne.

Ocupando el tercer peldaño del podium estaba Ismael Esteban que dejó escapar la oportunidad de su vida. En el Memorial Valenciaga los resultados acostumbran a dar fe de lo mostrado durante la prueba, y en esta ocasión los tres ciclistas más poderosos fueron los que completaron el podium. Sólo el que estaba en lo más alto sonreía.

Quien también sonreía era el progenitor del vencedor, orgulloso de su vástago, al que había guiado desde el volante del automóvil del equipo Fuerteventura-Canarias. El joven ciclista, que ya ganó en Asteasu y tiene en Legazpi su próximo objetivo, está rodando como una moto, y como no podía ser de otra forma, pequeña como una Lambretta, aunque en este caso llegada desde Concentaina.

Domingo, 6 de Abril de 2008

Fotografía: Félix Morquecho

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6 de febrero de 2008

El Dr. Honorio y Mr. Seco

A lo largo de las últimas décadas, en el sombrío panorama en el que se había sumergido el ciclo-cross nacional, la figura de David Seco Amundarain era, sin duda alguna y por encima de cualquier otra, la referencia.

El singular ciclista de Busturia, próximo a cumplir los 35 años (17 de Marzo de 1973) es de los pocos ciclistas que provocan una serie de sentimientos antagónicos, que sin lugar a dudas, no dejan indiferente a nadie.

Estableciendo un sórdido paralelismo, su figura evoca a la extraña relación, entre el Dr. Henry Jekyll, y el misántropo Edward Hyde, alegoría moral en forma de historia de misterio, escrita por Robert Louis Stevenson en 1886, bajo el título de "El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde".

Esta novela, que entra dentro de las obras catalogadas como de obligada lectura, se ha convertido en una pieza de referencia dentro de la cultura occidental, al reflejar el conflicto interior del ser humano entre el bien y el mal. Los dos extremos, el de lo bueno y el de lo malo, conviviendo dentro de una misma persona.


Siendo, David Seco desde sus inicios en esto del ciclismo, un corredor más destacado en el ciclo-cross que en la carretera por todas aquellas categorías por las que ha pasado, decidió llegado a la categoría amateur volcar todos sus esfuerzos en la ruta en detrimento del ciclo-cross. Su realidad ciclista, con el suceder de las temporadas en la categoría amateur, lo encaminó hacia el ciclo-cross de forma definitiva y por ello se ha dado a conocer, con nombre propio, en el mundo de las dos ruedas.

Es admirable y digna de mención la arriesgada apuesta que hizo en su día. No se conformó con la práctica autómata de una especialidad ciclista en decadencia. Eran tiempos donde, empleándose con un mínimo de interés, se abría la posibilidad inexorable del lucimiento personal. Sin embargo, y de forma determinante, fue un paso más allá. Encaminó nítidamente su objetivo hacia la búsqueda de una formación que pudiese llevarlo a las cotas más altas que el ciclista estuviese en disposición de alcanzar.

De la mano de Paul Herijgers se inició en la preparación consecuente y científica de la especialidad, cuando en el territorio nacional, la preparación en materia de ciclo-cross iba por otros derroteros bien distintos.

De ninguna manera fueron fáciles las estancias lejos de su numerosa familia, dedicadas por y para el aprendizaje de la especialidad. Incluso los suyos, en un principio, no veían con buenos ojos la determinante apuesta en la que el ciclista de Busturia se había embarcado. Sus estancias en Bélgica, suponían un gran esfuerzo en muchos sentidos, pero sirvieron con la constancia y el paso de los años para señalarlo, como el ciclista más avanzado en el conocimiento y preparación de un deporte como el ciclo-cross en el territorio nacional. Y eso de partida, ya era una enorme ventaja, plasmada posteriormente en un incontestable dominio, que le ha reportado una ingente cantidad de victorias y títulos a lo largo de los últimos años.

Ventaja, que indiscutiblemente perdura en el presente, y de esta forma, en la actualidad rivaliza con ciclistas como Javier Ruíz de Larrínaga, ciclista que sencillamente carece de un mínimo de técnica impidiendo tal circunstancia que el ciclista de Amézaga de Zuya pueda estar más cerca o superar a rivales físicamente inferiores, o como Unai Yus, el otro ciclista alavés, que consciente de la imperiosa necesidad de invertir en la preparación técnica de la especialidad, se emplea en la tarea, aunque para ello se sirva de preceptos un tanto en desuso y con una base empírica que no siempre canaliza en su propio beneficio, como sería deseable.

En esta escala gradual de los ciclistas que rivalizan geográficamente con David Seco, el ciclista de Busturia está por encima de todos ellos. Sólo el cántabro Isaac Suárez, al igual que hizo el vizcaíno en su día, ha adoptado la postura de, bajo la batuta un preparador cualificado, invertir en la mejora fehaciente de su preparación.

David Seco, con unas pautas definidas que repite de forma mecánica para evitar la improvisación, con un enfoque en la que una acción determinada debe desembocar en una reacción conocida, y con una preparación más eficiente en la que no desdeña pequeños aspectos que otros ignoran deliberadamente, tiene la base para ser sencillamente el mejor especialista nacional.

Ante la profesional figura del ciclista, uno puede pensar que en las competiciones nacionales se establecen dos carreras diferentes dentro de una misma. La de un triunfante David Seco, por un lado, que compite contra si mismo, y por el otro lado, la del resto de rivales, que pugnan entre si, por el segundo peldaño del podium. Hasta no hace mucho esto era una realidad, y sus competiciones se contaban por victorias.

Pero no es oro todo lo que reluce y no son pocos los argumentos que lastran esa buena dispoción que tiene a la hora de enfocar la especialidad. En las últimas cuatro temporadas, tan sólo en una ocasión tuvo la oportunidad de alzarse con la victoria en el Campeonato de España, cuando en las anteriores cinco ocasiones siempre había sido el ciclista que había levantado los brazos victorioso.

Emocionalmente no es un ciclista estable. Los conflictos intra e interpersonales han mellado en su rendimiento, así como otra serie de parámetros psicológicos que intervienen en la actividad física del deportista.

No ha sabido desarrollar una capacidad de concentración durante la competición, y no ha incidido en entrenar las habilidades para el control emocional, que en su caso se antojaban totalmente necesarias. No posee autoconfianza y tal circunstancia no contribuye a crear una suficiente autoestima, al tener dificultades para controlar su ansiedad y sus miedos. Carece de la sensatez idónea para establecer sus metas y objetivos dentro de la realidad ciclista en la que se encuadra, y por todo ello, en el confluir de emociones tiene su talón de aquiles.

Por si esto fuera poco, la grave lesión sufrida la temporada pasada, y los problemas físicos con los que inició la temporada que recientemente acaba de finalizar, contribuyen a dejar al descubierto unas carencias, que de otro modo ocultaría tras su innegable despliegue de recursos técnicos.

Unas habilidades adquiridas con su constancia y entrenamiento que siempre lo van a situar por delante del resto, cosa que sin embargo no sucede con su condición física, ya que irremediablemente, el tiempo pasa. Hoy es el día, en el que entre los cincuenta primeros clasificados de la Unión Ciclista Internacional, son únicamente dos, los ciclistas que lo superan en edad. Los ciclistas en cuestión responden al nombre de Erwin Vervecken y Richard Groenendaal, ciclistas ambos con más pasado que futuro, que son la clara muestra de que el paso del tiempo pasa factura a todo el mundo.

Así de esta forma, pensar en que David Seco Amundarain vuelva a mostrar la condición física y sus prestaciones ciclistas de hace un quinquenio, es una utopía, puesto que ni tan siquiera los mejores ciclistas del mundo son capaces de hacerlo, y evidentemente no pertenciendo a esa reducida élite mundial, como es el caso del ciclista vizcaíno, es más complicado imaginarlo.

"Quiéreme cuando menos lo merezca, porque será cuando más lo necesite" decía el Dr. Henry Jekyll en uno de los pasajes de la obra, y sin lugar a dudas, dicha frase podía hacer propia el ciclista de Busturia. No ha sido nada sencilla la temporada, recientemente concluida, que el ciclista ha tenido que soportar y al no existir el parapeto de los resultados, se ha visto en una incómoda y desconocida situación, en la que los focos ya no se centraban en su figura. Desde el año 1996, que se dice pronto, el ciclista siempre que había participado en los Campeonatos de España, había acabado subido en el podium.

De ser el único referente a ser uno más en el panorama nacional, y como habitualmente se acostumbra a hacer leña del árbol caído, no han sido pocos los que han aprovechado para saldar cuentas pendientes con el ciclista de Busturia.

Desgraciadamente, pocos son los que se detienen a pensar que vengándose, se igualan a su enemigo; y perdonándolo, se muestra superior a él. Ha sido un ciclista que conscientemente se ha granjeado no poca animadversión dentro del beligerante panorama del ciclo-cross nacional. Altanero, altivo, soberbio, orgulloso, engreído, prepotente y egoísta no ha querido nunca detenerse en indentificarse mental y afectivamente con sus rivales nacionales, así como jamás ha interpretado la obligación del deportista de élite de devolver el cariño y las atenciones que los aficionados le han dedicado con sus ánimos.

Tenía todos los argumentos necesarios para ser la persona más estimada del ciclo-cross nacional, sin embargo, quien siembra vientos recoge tempestades, y en los momentos en los que más necesita el apoyo del público, éste ha mirado, y no sin motivo, para otro lado.

La temporada la ha despedido antes de lo que hubiese deseado, quedando fuera de la selección nacional, además, despachándose a gusto en los medios de comunicación contra aquellos a los que juzga como reponsables de su ausencia en Treviso. No le falta razón en su alegato aunque para ello se sirva incorrectamente de medias verdades, pero, sinceramente cuando se pide solidaridad para uno mismo, la perspectiva hace que el discurso pierda mucha fuerza.

Sin lugar a dudas, volverá la temporada que viene con intenciones de resarcirse. Un año, que tendrá una de las más interesantes incógnitas a despejar, en ver y conocer al nivel al que es capaz de rendir el ciclista de Busturia. Pero eso será dentro de muchos meses. Ahora es tiempo de limpiar a fondo las bicicletas y disfrutar del merecido descanso de una temporada recién concluida.

Fotografía: Igor Juez Elgezua

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1 de febrero de 2008

Faltaba un kiwi

Una costumbre, que se puede considerar como habitual, en aquellas personas que disfrutan con el ciclismo, especialmente cuando la climatología no acompaña, suele ser la de visionar en la televisión pruebas ciclistas. Imágenes de un pasado reciente o no, que por uno u otro motivo, resultan gratificantes volver a contemplarlas.

Michel Musschoolt es una de esas personas que acostumbra a hacerlo. Especialmente cuando llega el invierno y tiene la oportunidad de compartir con alguien que lo aprecie, momentos que pertenecen al pasado. De entre todas las imágenes de su videoteca, hay una que guarda con un cariño diferente al resto.

Es una vieja grabación sin sonido y con el inequívoco aroma que destila el pasado, entrañable y nostálgica. Data del 18 de Febrero de 1979 y tiene como escenario la localidad guipuzcoana de Villafranca de Ordicia. En aquella mañana, de hace casi treinta años, en el municipio que pasó a denominarse Ordizia a partir de 1982, se disputaba el primer Campeonato del Mundo de Ciclo-Cross para la categoría Junior.

En aquella prueba, Jose Ignacio "Iñaki" Vijandi Martínez se proclamaba vencedor mundial, y un joven recién llegado al mundo del ciclismo, llamado Jokin Mújika Aramburu alcanzaba una meritoria quinta plaza, pese a sufrir dos saltos de cadena en momentos clave de la carrera. El circuito, totalmente embarrado, venía como anillo al dedo para las condiciones de un ciclista como Vijandi, ya que cuando hubo que echarse la bicicleta al hombro, marcó unas claras diferencias con respecto a sus rivales.

Mediada la carrera, la victoria ya parecía que iba a caer del lado de Iñaki Vijandi. Especialmente cuando su más enconado rival, el alemán Heinz Matschke, mostraba síntomas visibles de flaqueza. Los aficionados locales se mostraban entusiasmados con la actuación del debutante Jokin Mújika, puesto que retrasado en los primeros compases de la carrera debido a un inoportuno problema en la cadena apenas dada la salida, fue remontando posiciones a lo largo de toda la competición, aunque en las postrimerías de la prueba, volvió a encontrarse con el infortunio, y finalmente tuvo que conformarse con una excelente quinta plaza.

Iñaki Vijandi obtuvo una brillante victoria y Heinz Matschke tuvo que conformarse con la medalla de bronce. En medio de ambos, y con un minuto de distancia del vencedor, entró Bart Musschoolt, un ciclista belga que fue una de las sorpresas de la jornada.

Para Michel Musschoolt ver aquella actuación de su hermano Bart es algo muy especial. Del mismo modo que para toda su familia. En la señalada fecha del 25 de Diciembre del año 2006, las imágenes eran de obligada visión, dado que toda la familia estaba reunida, además en compañía de un invitado de excepción, que no era otro que Kashi Leuchs.

Kashi Leuchs es un ciclista que nació un 30 de Junio de 1978 en Dunedin (Nueva Zelanda) aunque ahora tiene fijada su residencia en Annecy (Francia). Su carácter inquieto y aventurero hace que tan pronto uno pueda encontrárselo pedaleando por las Alpujarras granadinas, tras rendir visita a Mr. 23 (Martin Whiteley), ascendiendo el Monte Grappa en el Véneto italiano o rodando por los alrededores de Münich, dado que su padre es alemán y allí tiene un buen número de familiares.

Pertenece al equipo Cannondale-Vredestein siendo uno de los ciclistas más conocidos dentro del mundo de la bicicleta de montaña. Este año ha decidido no competir a lo largo del período invernal, y la localidad de Banyoles (Girona) será aquella que vea como regresa a la competición el próximo 17 de Febrero, tras unos meses de voluntaria inactividad competitiva, en los que ha descansado y se ha preparado sin incluir competición alguna dentro de su puesta a punto.

El año pasado no sucedió lo mismo. La insistencia de Michel aquellas navidades y las preciosas imágenes que tuvo la oportunidad de ver, en su periplo belga en la casa de los Musschoolt, le llevaron a tomar la decisión de participar en los Campeonatos del Mundo de Ciclo-Cross que se celebraban cinco semanas más tarde en Hooglede-Gits (Bélgica).

Kiwi es cualquiera de las especies de pequeñas aves no voladoras nativas de Nueva Zelanda pertenecienes al género Apteryx. Criaturas tímidas y nocturnas, con un sentido del olfato muy desarrollado. A pesar de ser un ave, es incapaz de volar ya que no tiene quilla en el esternón para anclar los músculos de las alas y casi ni las alas tan siquiera. Tiene un plumaje muy típico, y es que por razones evolutivas y de adaptación al ecosistema, los plumones no han llegado a la etapa de verdaderas plumas, adoptando el característico y curioso aspecto de suaves cerdas como plumaje.

Ese aspecto, fue el que hizo que una fruta llamada actinidia, originaria de las laderas del Himalaya, fuese denominada kiwi, cuando hace más de un siglo fue introducida en Nueva Zelanda, siendo ahora muy popular su consumo.

Cabe resaltar que el nombre kiwi deriva del sonido que produce el macho, "kee-wee, kee-wee". Es una voz maorí, idioma del pueblo homónimo de linaje malayo-polinesio que colonizó Aotearoa antes del arribo de los europeos a la "tierra de la larga nube blanca". El nombre que utilizaron los europeos para denominar a estas tierras, Nueva Zelanda, viene del territorio neerlandés de Zelanda, que viene a significar "tierra de mar". A día de hoy, tanto Aotearoa como Nueva Zelanda son las dos denominaciones oficiales del país.


Para los maoríes, y por extensión para todos los neozelandeses, es un honor que se les denomine o les llamen kiwi a los hombres, debido a que lo traducen como "buen padre", debido a que en este tipo de aves, son los machos los que se dedican al proceso de la incubación de los polluelos, siendo incluso capaces de inmolarse por defenderlos.

Siendo Kashi Leuchs un ciclista de tan exótica procedencia, una especialidad ciclista tan amarrada a la tradición europea como el ciclo-cross era desconocida para él. Sin embargo, siendo fiel al peculiar sentido aventurero del que presumen, y con razón, los neozelandeses, decidió embarcarse en la aventura.

Una experiencia, que le iba a reservar un pequeño espacio dentro de la historia, la de ser el primer "kiwi" que tomaba parte en un Campeonato del Mundo de Ciclo-Cross. Cannondale le proporcionó el material necesario para participar, ya que el ciclista desconocía que se hiciesen necesarias varias bicicletas, y gracias a los consejos de Michel, fue introduciéndose en el ciclo-cross a marchas forzadas, y sin dejar en ningún momento de lado su preparación enfocada a la temporada veraniega de Mountain Bike.

Por todo ello, en poco menos de un mes no se podían obrar milagros, ya que la decisión de participar fue poco más que una decisión improvisada en busca de una nueva experiencia deportiva. Participó en un par de carreras locales, y se puso como meta de cara a la cita mundialista no finalizar la prueba doblado por la cabeza de carrera.

Para alguien neófito en el mundo del ciclo-cross y especialmente en un evento tan importante dentro de la región geográfica que más vive esta especialidad ciclista, todo es soprendente. Las sensaciones percibidas a través de la pantalla de una televisión, no son comparables a las que uno percibe cuando es el protagonista. Con los ojos bien abiertos a todo cuanto acontecía a su alrededor, le llamó poderosamente la atención, el estado de embriaguez en los que buena parte de los 30.000 espectadores presentes estaban sumergidos, así como las coloristas identificaciones, con disfraces y diferentes enseñas, que servían para proclamarse seguidor de un determinado ciclista o grupo de corredores.

Michel llamó a un amigo suyo, Vincent y ambos actuaron como mecánicos para Kashi, formando tan distinguido trío, la delegación de Nueva Zelanda en los mundiales de ciclo-cross. A diferencia de otros acontecimientos ciclistas de relevancia en los que había participado Kashi anteriormente, en Hooglede-Gits salía sin presión alguna, simplemente con la intención de disfrutar de la prueba y sentir en su propia piel, aquella pasión por el ciclo-cross que le mostraba la familia Musschoolt cuando contemplaban las imágenes de Bart en Villafranca de Ordicia.

Salía el último, dado que no tenía ningún punto en la clasificación de la Unión Ciclista Internacional, pero poco le importaba. Se pasó toda la prueba adelantando a corredores, finalizando en la trigésimo novena posición final, a poco más de siete minutos y medio del vencedor. Entró con una sonrisa en la boca tras conseguir el objetivo que se había marcado, y por la euforia que supone para un ciclista ver como sucesivamente va adelantando rivales.

Al ver las clasificaciones junto a Michel y Vincent, se mostraba contento por haber tenido la posibilidad de finalizar la prueba por delante del sueco Fredrik Ericsson o de buena parte de los componentes del equipo americano, como Eric Tonkin, Barry Wicks o Tristan Schouten. Miraba la clasificación, señalando con incredulidad como un ciclista japonés se había clasificado por delante de él, y Michel le hacía ver, que clasificarse por delante de ciclistas habituales en la disciplina como Isaac Suárez o Wilant Van Gils, para un ciclista que desconocía como cargar la bicicleta al hombro y que incluso se despistaba al cambiar de bicicleta dentro del control de material, es como para estar algo más que satisfecho.

En Treviso no estaba presente, quería descansar después de muchos años de competición continua en uno y otro hemisferio. Pero tras pasar sus navidades en Brujas (Bélgica) no quiso dejar la oportunidad de acercarse a Hofstade, a ver una prueba de la Copa del Mundo de Ciclo-Cross en compañía de su amigo Michel. En esta temporada, donde la extensión y popularidad del ciclo-cross también se ha hecho evidente, ganando adeptos en no pocos rincones del planeta, faltaba un kiwi. Esperemos que algún día el ciclo-cross internacional vuelva a contar con tan exótica presencia.


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28 de enero de 2008

Veni, vidi, vici

Veni, vidi, vici. Estas tres palabras quizá constituyan el parte de guerra más corto que se haya escrito jamás. Julio César usó esta frase dirigiéndose al senado romano, describiendo con ella su victoria, sobre Farnaces II del Ponto, en la Batalla de Zela. El comentario, un tanto lacónico -traducido «vine, vi, vencí»— servía por un lado para proclamar la totalidad de la victoria de Julio César como para recordar al senado su destreza militar.

En la guerra sin armas que es el ciclo-cross, el holandés Lars Boom ha hecho propia la frase del líder militar y político romano. Además no en una batalla cualquiera, sino en la más importante de cuantas se disputan en la bella especialidad ciclista invernal.

El joven talento holandés ya avisaba de sus intenciones hace un año. Tras conquistar el maillot arco iris en Hooglede-Gits dentro de la categoría Sub´23 lo anunciaba sin titubeo alguno. Y es que, una vez finalizada su estancia en la categoría, se marcaba el objetivo ahora dentro la categoría Elite, de conquistar de nuevo el campeonato del mundo, para de esta forma, dar por cumplido su objetivo en el mundo del ciclo-cross y centrarse en el ciclismo de ruta. Llegar a la cima en el ciclo-cross para intentar averiguar cual es el techo en la ruta. Así de simple y complejo al mismo tiempo.

De cualquier otro ciclista, bien pudiéramos pensar, que en un momento de excitación por la victoria, las palabras exclamadas son fiel reflejo de un período de locura transitoria. O mejor dicho, de incontinencia verbal, propia de un joven, que aún tiene todo un mundo por descubrir. Pero no es el caso de Lars Boom, este ciclista no es como los demás.

Boom llegaba como uno de los grandes favoritos a Treviso. Posiblemente el más favorito de todos, y cumplió con los pronósticos. A decir verdad, su victoria no se gestó de la forma autoritaria que había demostrado en sus últimas actuaciones, y es que el campeonato del mundo es una carrera diferente, incluso para aquel que llega como favorito.

Salió desde la mismísima salida, decidido a ir a por la victoria, abriendo un hueco, que nos hacía pensar que salía decidido, a resolver por la vía rápida la carrera. Sorprendentemente, el intento fue abortado por un ciclista inesperado, el joven italiano Marco Aurelio Fontana, que hizo sencillamente una carrera brillante.

Llama la atención la motivación que encuentra la
Squadra Azzurra cuando compite en territorio transalpino y especialmente cuando la prueba posee la significativa relevancia de la celebrada en Treviso. Dan todo lo que se espera de ellos y más, y ese fue sin duda el caso de Marco Aurelio Fontana que realizó una carrera que ni el mismo hubiese imaginado momentos antes de salir.

Se esperaba a Enrico Franzoi como ciclista italiano con posibilidades de codearse con lo más granado del pelotón internacional, pero Fontana era el ciclista, para deleite de los aficionados locales, que marcaba el ritmo de la prueba en sus primeras vueltas.

El ritmo, siendo vivo, no era asfixiante. Esto posibilitó la formación de un gran grupo cabecero, que superaba la veintena de unidades. Inaudito a la vez que maravilloso, poder contemplar como el abanico de posibilidadades al triunfo era más amplio que nunca, y asi mismo, espectacular observar la destreza técnica y el equilibro de los ciclistas ante la sorprendente masificación.

No tuvieron la fortuna los ciclistas españoles, cuya salida condicionó las posibilidades de optar con mayor facilidad a enlazar con el grupo de cabeza. Curiosamente, los ciclistas ya salían más atrás de lo que deberían haber salido, por no estar computados los puntos del Campeonato de España, la prueba donde más puntos pueden obtener los ciclistas españoles. Otro dato más que añadir al cúmulo de despropósitos federativos que tiene este país.

Por delante y cubierto el primer tercio de carrera, los ciclistas ya se habían sacudido los nervios iniciales, así como Fontana había conseguido calmar su fogoso ímpetu inicial. La relativa calma se vió alterada por el ataque de Radomir Simunek Jr., con la intención de desperezar al grupo, y sorprender a sus rivales.

La realidad, es que los ataques no pasaban más allá de ser fuegos de artificio a estas alturas de la prueba, ya que enseguida el grupo abortaba cualquier intento, gracias a la altruista labor de Fontana y a dos ciclistas, que ya comenzaban a demostrar que eran los más fuertes de la prueba, Francis Mourey y Lars Boom.


Así, a pesar de la aparente clama, la tensión se palpaba dentro del grupo, y ello hacía que el ritmo se ralentizase en las zonas menos complicadas del circuito. Tal circunstancia imposibilitaba que el grupo se fraccionase, y superado el ecuador de la prueba, el grupo de corredores que transitaba en pelotón seguía siendo igual de numeroso.

Intentonas de Zdenek Stybar, Klaas Vantornout, incluso de Sven Nijs se puedieron observar mediada la prueba, pero simplemente servían para fraccionar momentaneamente el grupo y no para descolgar a ciclistas. Siguiendo ésta dinámica vuelta tras vuelta, la carrera tuvo un punto de inflexión inesperado.

Ya inmersos en la séptima vuelta de las nueve que finalmente tendrían que completar los ciclistas, cuando la cabeza de carrera rodaba por una bajada sin aparente dificultad, el galo Francis Mourey se fue al suelo al perder el control de su bicicleta. Ahí acabaron sus posibilidades reales de coronarse campeón del mundo. El año pasado se quedó sin participar en el mundial por una caída previa a su participación en al mundial, cuando se encontraba en el circuito reconociendo con su bicicleta el trazado. En esta ocasión, la diosa fortuna, ha querido que se quedara a poco más de un cuarto de hora de alcanzar su sueño, o al menos, de intentarlo hasta el último momento.


Volverá, sin lugar a dudas, a intentarlo ya que sabe que tiene opciones reales de hacer algo grande en el mundo del ciclo-cross. Treviso podía haber sido ese lugar especial, pero a buen seguro que el destino sabrá recompensar su cúmulo de desgracias en los mundiales.

Y si de infortunios mundialistas hay que hablar, pues Bart Wellens no tiene nada que envidiar a Mourey. Sin quererlo el ciclista belga, al igual que en la edición pasada, se volvió a ver implicado en la caída determinante, lo que mermó sus posibilidades finales, aunque a decir verdad, en ningún momento se pudo observar al ciclista con posibilidades de luchar por algo importante.

La caída hizo que el nerviosismo cundiese dentro del grupo y comenzaron a desatarse las hostilidades cuando quedaba poco menos de un cuarto de hora para concluir la prueba. La presencia francesa no desapareció con el abandono de Mourey, puesto que John Gadret, dejó constancia de su presencia en carrera, realizando su intento de ir en solitario a por la victoria. El ciclista galo comprobó metros más tarde, que la conquista del triunfo no estaba a su alcance, al ser engullido por el grupo.

En el ciclo-cross actual, los ataques se amparan en un violento cambio de ritmo y una veloz continuación. Fructífero movimiento cuando el terreno permite que la continuación ponga en dificultades cualquier intento por realizar una persecución. Pero en un circuito como el de Treviso no se daba tal circunstancia. En la localidad italiana hizo un magnífico día climatológicamente hablando, y esto añadido a un trazado que no permitía encadenar zonas comprometidas para hacer más contundente un ataque, posibilitaba una mínima organización para abortar cualquier intento de emprender la marcha en solitario. Siempre es más fácil destruir que crear, y con el protagonismo que cobró
le strade bianche en el diseño del trazado, resultaba muy complicado romper el grupo.

Richard Groeneendaal y Sven Vanthourenhout también buscaron su oportunidad a falta de una vuelta pero también les resultó imposible.
Sólo, cuando Lars Boom se decidió a ir a por el triunfo, el grupo se rompió en mil pedazos. Y sin mediar un ataque, sólo imponiendo su poderoso rodar, abrió un hueco suficiente como para llegar sólo a meta sin que nadie pudiese hacer nada por evitar su victoria.

Por detrás, Erwin Vervecken lideraba la persecución, con Zdenek Stybar y Sven Nijs a su rueda. En el sprint se impuso, el no menos joven Stybar, al igual que Boom debutante en la categoría, obteniendo de esta forma la medalla de plata. Con el bronce se tenía que conformar Sven Nijs, que en ningún momento dio síntomas de flaqueza a diferencia de lo mostrado en las últimas en las que había competido. Se quedó sin el maillot arco iris, simple y llanamente debido a que había un ciclista más fuerte que él, Lars Boom, que curiosamente estaba en su mismo equipo.

Y digo equipo y no selección, puesto que Vervecken fue el único de los ciclistas que intentó dar caza al ciclista holandés, mientras que Nijs en ningún momento ofreció colaboración alguna. Da la sensación que para los ciclistas belgas, cualquier ciclista merece ser el vencedor, antes que otro compatriota. Cuestiones de rivalidades comerciales, y herencia de temporadas de luchas fratricidas sin cuartel.

El veterano ciclista belga, jugó perfectamente sus bazas, conocedor de que la carrera se jugaría en las últimas vueltas, pero no puedo responder como a él le hubiese gustado al ataque de Boom. Pero como no podía ser menos en un mundial, Erwin Vervecken volvió a cumplir como lo hacen los grandes.


Por detrás del cuarteto que se jugó las medallas, las dos sorpresas del día, con un apretado sprint, en el que Radomir Simunek Jr. se imponía a Marco Aurelio Fontana y a Sven Vanthourenhout. Mientras Christian Heule hacía lo propio con John Gadret y Klaas Vantornout para completar las diez primeras plazas.

En cuanto a los españoles, satisfacción en el rostro de Isaac Suárez, por la carrera desarrollada. El sabe mejor que nadie que significa una prueba de este calibre y especialmente como debe ser afrontada. No salió nada mal a pesar del lugar desde el que partía, entre otras cosas, por adelantarse en la salida unas posiciones mostrando un toque de pillería que no dudó en imitar también Hermida. Pero desgraciadamente no tuvo la fortuna de enlazar con el gran grupo. Buscó la rueda que le marcara el ritmo, y con la sapiencia que posee a la hora de calibrar las posibilidades de sus rivales, se soldó magníficamente a la estela del eslovaco Milan Barenyi y a la del italiano Marco Bianco e hizo una carrera en la que siempre tenía a la vista al grupo que iba a luchar por las medallas.

No nos engañemos, que a pesar de los escasos márgenes, las opciones de unos y otros eran abismales, incluso de los que iban en el gran grupo, pero a buen seguro que a Isaac Suárez su actuación le ha supuesto un espaldarazo contundente en su identidad como ciclista, así como le ha posibilitado acallar con este resultado, cualquier voz que dudaba de su presencia en Treviso.

La vigésimo segunda posición alcanzada por Isaac Suárez es como para estar satisfechos de lo mostrado por el ciclista cántabro. De la misma forma se puede hablar de la vigésimo quinta plaza conquistada por Jose Antonio Hermida. Quizá pueda parecer que su resultado sabe a poco, tras las esperanzas que había depositadas en él de alcanzar un resultado mejor que a la ya de por si excelente decimoséptima posición lograda en Hooglede-Gist en su debút mundialista.

Pero su arriesgada salida, le ocasionó una caída, sabedor de que con el hándicap de salir tan retrasado, estaba obligado a acceder a las posiciones de cabeza lo antes posible. En el ciclo-cross donde cabe uno no caben tres, y los pequeños problemas en forma de caídas sin consecuencias y enganchones en los primeros metros de las pruebas tan importantes, acostumbran a ser habituales.

Desgraciadamente, averió su maneta del cambio, y se vio obligado a hacer una heroica remontada desde las últimas posiciones. Quizá de haber entrado en el grupo de cabeza en las primeras vueltas, ahora estaríamos hablando del gran ciclista que es Jose Antonio Hermida por conseguir sorprender a propios y extraños con otro nuevo gran resultado, pero lo que realmente hace grande a un corredor como Hermida, es su actitud y saber estar en carrera.

Sabe que es y que significa un mundial, y no hay contratiempo que altere su más que demostrada competitividad e inequívoca determinación. Esa actitud es la que le hace grande, entre otras cosas, y es como para estar disfrutando de la suerte que tiene el ciclo-cross español al haber conquistado para su causa a un ciclista del calibre que posee el catalán.

Transitando sin opciones a un puesto decoroso completaron su concurso mundialista los otros dos ciclistas que completaban la selección nacional. Javier Ruiz de Larrínaga se clasificó en la trigésimo sexta posición, ubicación que frecuentó prácticamente a lo largo de toda la prueba. Se le observó fuera de lugar, superado por la situación y sin ser capaz de afrontar el reto que supone todo un mundial de ciclo-cross. Ya desde la salida, cuyo inicio le pilló a contra pie, se veía que le faltaba algo para dar todo lo que llevaba dentro, que era bastante más de lo que demostró.

Pagó la inexperiencia. Quedarse corriendo pruebas locales y acumular victorias, mientras otros marchan a correr pruebas internacionales, tiene como consecuencia situaciones como la experimentada en Treviso.

Nervioso en Igorre, y de nuevo en la misma línea en Treviso. Pero, para ser fieles a la verdad, es un corredor que ha crecido en la especialidad como ningún otro, y a buen seguro que el año que viene, con el cúmulo de experiencias y sensaciones vividas durante la temporada de ciclo-cross, responderá como se espera de él.

Unai Yus fue el que deparó el peor de los resultados para el cuarteto de ciclistas españoles con su decepconante quincuagésima quinta posición final. Si a Isaac Suárez su actuación le sirvió para reivindicarse, al veterano ciclista alavés el resultado más bien le ha significado lo contrario. Era un ciclista, a tenor de las palabras de David Seco, que no deseaba incluir el seleccionador nacional, y cuya participación se debía a una imposición de Iñaki Iglesias, por su implicación en la Copa de España.

La realidad es que situaciones de este tipo deben quedar al margen cuando uno es el integrante de la selección, y analizando su actuación, hay que decir que el ciclista alavés no fue ni sombra del ciclista que es. No se esperaba de él que rodase junto a Suárez o Hermida, pero ni mucho menos se esperaba verlo permanentemente durante toda la prueba en los últimos lugares.

Lo más descorazonador de su actuación, fue que la capacidad de reacción que ha demostrado a lo largo de la temporada cuando se ha visto sometido al infortunio, no hizo acto de presencia en un escenario tan importante como el transalpino, cuando ha sido el santo y seña del comportamiento del ciclista a lo largo de la temporada. Mal sabor de boca el que dejó y evidentemente el que le quedó a él.

En definitiva un bonito mundial donde Lars Boom, pasa a la historia al igualar a Radomir Simunek Sr. en lograr la gesta de obstentar los títulos de campeón del mundo en la categoría Junior, Amateur (Sub´23) y Profesional (Elite). Ahí queda eso para el que venga detrás.


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